Existen varios modos de razonar. Existe uno, consistente en encontrar respuestas intuitivas a los problemas.
Así, Juan Sebastian Bach descubre el placer de comprender mejor la simetría sonora, a través de juegos simétricos musicales con el ritmo, el tono y el tiempo, pero también, con el volumen de los crescendo y diminuendos, graficamente mostrados en la partitura con los signos > y <.
En la obra comentada hay diez grupos de tres variaciones. El tercer movimiento de cada grupo es un canon. En el bajo, donde existen cuatro frases de ocho notas, uno puede ver y oir cómo la musica va estirándose, estrujándose, al hacerla ascender en espiral a lo largo de treinta variaciones.
La obra se inicia y acaba con un aria sencilla que establece el motivo, que luego explota en las famosas treinta variaciones.
La repetición final del aria evoca al objeto más simétrico que existe, que es el círculo. Así, la repetición del aria conecta los dos cabos o extremos del lazo musical, que constituyen los treinta y dos movimientos del círculo. La décimo sexta variación está situada en el lado opuesto de una diagonal que atraviesa la primera interpretación del aria. Bach llamó a esta 16ª variación con la denominación de "obertura". Su significado, conocido de apertura, puede dar lugar a preguntarnos: ¿Dónde, realmente, se inicia y acaba exactamente el círculo de la medlodía?
Por otro lado, en el ciclo de los cánones se situa el potencial de la simetría al modo de representar la fuente de donde dimane. Un canon define la simetría por traslación o desfase, aunque este sea más temporal que espacial.
También podemos analizar la dimensión tonal al observar que en el segundo canon, en la variación nº 6, la segunda voz comienza con una nota más alta que la voz que va en cabeza; y así subsiguientemente en cada canon, subiendo la segunda voz una nota más, hasta que al llegar al 8º canon, las dos voces vuelven a encontrarse al existir una octava de diferencia entre ambas voces, completando el círculo. Luego, en el 9º canon, e fuerza aún más la escala en una octava superior, de forma que los cánones parecen querer subir ahora en una espiral sin fín, aliniándose cada octavo canon con el primero al tiempo que oimos una octava más. Con todo ello se produce el efecto torbellino, semejante a la forma del sacacorcho, por el que llegamos a escuchar círculos en el tiempo y en el tono.
Con este músico, a través de obras como la comentada, pero también de sus conciertos (brandemburgo en sol mayor; para dos violines en re menor; para oboe y violín, en do menor) y, en mi opinión, de sus Cantatas, y principalmente las nº 12,178,77,y 4, podemos descubrir el placer de comprender el significado de las combinaciones simétricas hechas a través del ritmo, el tono, el tiempo y el volumen.
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